Las Sierras de la Paramera y Serrota conforman una de las tres alineaciones que tiene el Sistema Central en la provincia de Ávila, separadas por las fosas de los ríos Alberche, Adaja y Corneja. Son tierras muy deforestadas, donde predominan los paisajes graníticos modelados en berrocales. Los ríos que nacen en estas sierras se abren paso entre el granito, por estrechos caminos en ocasiones, formando algunas gargantas y saltos de agua de no mucha altura.

Las Sierras de la Paramera y Serrota tienen además la consideración de Lugar de Interés Comunitario (LIC) desde el año 1998, formando parte de la Red Natura 2000. Cuenta este espacio con 22.663,15 hectáreas de LIC en un conjunto de 41.000 hectáreas de Espacio Natural.

La cumbre más alta se alcanza en los 2.294 metros de la Serrota. En las parameras, la cota más alta se presenta en el Pico Zapatero, con una altitud de 2.146 metros.

El arroyo del Gemenil, que desciende por la sierra para verter sus aguas en el río Adaja, ya cerca de la capital, marca el límite más oriental de este espacio, prolongándose hacia el Oeste hasta el valle del Corneja, que lo separa de la Sierra de Villafranca. El límite más occidental de la Serrota lo encontramos en el puerto de Villatoro.

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En su cara norte es el río Adaja, quien a lo largo del conocido como Valle de Amblés, delimita a Las Parameras y Serrota, mientras que al sur el límite lo establece el río Alberche, haciendo de frontera con La Sierra de Gredos.

Debido a sus características, estos espacios sólo son transitables por sus extremos, en los puertos de Menga, por la parte central, que separa Las Parameras de la Serrota, el puerto de Chía y el de Villatoro en su parte más occidental, y el puerto de Navalmoral por el este, conectando los valles del Adaja y del Alberche.

En las laderas de estas sierras abulenses tienen sus fuentes tres importantes ríos: el Adaja, el Alberche y el Corneja, a los que divide, actuando de divisoria de cuencas entre ellos.

Un punto singular de este paraje, al sureste del municipio de Cepeda de la Mora y visible desde la carretera, es la Cueva del Maragato, que según cuenta la tradición sirvió de refugio, durante una temporada, al bandolero Pedro Piñero, conocido popularmente como Maragato . La cueva tiene muy mal acceso y no está acondicionada para visitas.

Goya dedicó una serie de seis pequeñas tablas a la historia de la captura de este bandido, muy popular en su época.

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Se trata en definitiva de un paisaje de alta montaña, de relieve variado, que combina terrenos ondulados y suaves con roquedos de fuertes pendientes, con ausencia de vegetación en las cotas más altas y predominando el matorral en buena parte de sus laderas.

Las cumbres de estas Sierras están arrasadas por la erosión glaciar del cuaternario, siendo la Sierra de la Paramera un ejemplo magnífico.

Los hielos dejaron labrados en estas rocas cristalinas cinco aparatos glaciares, siendo el más importante el glaciar de los Hornillos.

El paisaje va cambiado a medida que las sierras ganan altura. Las primeras estribaciones están dominadas por pequeñas montañas escarpadas en las que aparecen impresionantes bolos y berrocales. Predominan aquí matorrales salpicados de pequeñas masas de arbolado de bajo porte. En esta zona se aprecia también la presencia de gargantas por las que descienden pequeños arroyos.

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En costas superiores, a partir de los 1.500 metros de altitud, en la Paramera encontramos un mosaico compuesto por cabezas rocosas, piornales ( Cytisus purgans ) y enebrales  ( Juniperus .sp ), prados y cervunales ( Nardus stricta ) junto con algunos pinares ( Pinus sp. ) y formaciones de rebollos  ( Quercus pyrenaica ) en las zonas más resguardadas.

En la Serrota la presencia de vegetación es mucho menor, tan solo aparecen los matorrales y los prados, con ausencia de arbolado.

El paisaje es cambiante a lo largo de las estaciones. En el invierno domina el blanco de la nieve. La primavera trae el verdor de las plantas renacidas, y el verano con los amarillentos mantos de los matorrales de montaña. El otoño, es especialmente relevante en las masas de árboles caducifolios, que muestran sus cambios de tonalidades previos a desprenderse de sus hojas.

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